Robo a la carta Guillermo Barrantes 6to A B.C.D

 Durante estas semanas retomaremos la lectura de cuentos con enigmas; es decir, historias en las que se comete un delito y se necesita un detective para resolver el caso. ¿Están preparadas, preparados? Ustedes también pueden ir siguiendo las pistas, leyendo como detectives y elaborando hipótesis respecto de lo que puede haber sucedido.

Observen todos los detalles por insignificantes que parezcan: movimientos de los personajes, gestos, miradas, palabras, objetos...

cualquiera de estos elementos puede ser la clave para resolver el

misterio. Para esto, anotador en mano, vayan registrando todo lo

que consideren que puede ser una pista para resolver el enigma.


1) Ahora sí, ¡a leer con mucha atención!


¡Mozo! Hay un pelo en mi sopa.

—Marche un filete de merluza a la suiza para la mesa cuatro,

pero en vez de papas fritas, piden que salga con batatas glaseadas.

—Edulcorante, por favor.

El detective Ninurta cenaba todos los viernes en el restaurante de Giuseppe Galeazzi. Buena comida, buen precio y sin

televisores que colgaran de las paredes. Así se evitaban ruidos molestos que interfirieran con las óperas italianas que ambientaban musicalmente el lugar.

El tintineo de las copas, el repiqueteo de los cubiertos, los

aromas de las mejores pastas de la ciudad; una típica noche

de viernes para Ninurta... hasta que el chef Giuseppe Galeazzi

en persona se sentó a su mesa. El detective tragó un sorrentino y se limpió la boca con su servilleta.

— ¡Chef! Qué sorpresa.

—La receta familiar, detective, la fórmula secreta para hacer

mi salsa única... ¡me la robaron!

—¿La tenía acá, en el restaurante?

En la caja fuerte, junto a la cocina, de puño y letra del

primer Galeazzi que pisó la Argentina. Hoy al comenzar el

turno estaba allí, pero recién la abrí para guardar parte de

lo recaudado… ¡y había desaparecido! ¡Seguro que esto es

obra de Maringolo!

—¿De quién?

—Cosme Maringolo. Fue mi socio hasta hace casi un año.

Nos peleamos porque lo sorprendí queriendo llevarse mi receta de la caja fuerte. Hace poco abrió su propio restaurante.

—¿Y después de pelearse con él no cambió la combinación?

—Por supuesto. Fafanda, la conocida empresa de seguros,

envió a uno de sus expertos para cambiarla. Además, los únicos que trabajamos cerca de la caja fuerte somos Dalma, mi

cocinera, y yo. Ella desconoce la clave y jamás la abro en su

presencia.

—O sea que todos los que estamos aquí somos sospechosos.

—Si da con Cosme o sus secuaces, querido Ninurta, le prometo que los viernes, de aquí en adelante, será mi invitado.

—¿Alguien parecido a su exsocio en el salón?

—Nadie, detective. No creo que esté aquí. No se arriesgaría

a que lo reconociera.

—Vaya a hacer sus cosas —dijo Ninurta—. Déjeme atar cabos. Tal vez me ayude un capuchino.

Había otros cuatro comensales en el restaurante. El detective se levantó como para ir al baño, pero en realidad buscaba

observarlos de cerca.

El primero era un hombre sonriente, de pelo negro peinado

prolijamente hacia atrás. Estudiaba la cuenta que le acababa

de dejar el mozo mientras vaciaba un sobre de edulcorante en

su café.

Casi en el centro del salón, comía una pareja de jóvenes.

Masticaban lentamente cada bocado del filete de merluza a la

suiza que compartían. De la guarnición de batatas glaseadas

quedaba muy poco. El muchacho le decía algo a la chica, que

no parecía prestarle mucha atención.

El último comensal, el más cercano al baño, era el del pelo

en la sopa. Se trataba de un hombre calvo, robusto, aunque no

muy alto. El plato rechazado ya no estaba en su mesa. Impaciente, miraba una y otra vez su reloj pulsera.

—¿Me puede decir la hora? —le preguntó Ninurta al pasar

junto a su mesa.

—Son las diez y cuarto.

—Lindo reloj —le comentó el detective al ver las siglas “SF”

en la malla—. Un Sandro Fuchile original.

—Claro. Es mi marca de relojes favorita.

Cuando Ninurta volvió del baño, al sujeto calvo le acababan

de dejar un nuevo plato humeante. En ese instante, la pareja

en el centro del salón pidió la cuenta. El hombre de pelo negro

se había ido, pero no le importó. A ese ya lo había descartado.

El mozo, antes de volver a la cocina, le llevó el capuchino al

detective.

—Me gustaría probar lo que pidió ese señor —le dijo al camarero señalando al calvo.

—¿Le hago marchar una sopa de letras, entonces? ¿Me llevo

el capuchino?

El detective se quedó pensativo. Luego le dijo al mozo:

—Olvídese de la sopa, deje el capuchino y dígale a Giuseppe

que venga.

El chef estuvo sentado frente a él en menos de lo que se

hace un huevo frito.

—Caso resuelto —anunció Ninurta mientras revolvía el

café—. A partir de los datos que poseo, solo su cocinera pudo

haber entrado en contacto con la fórmula secreta. Pero como

ella no conoce la combinación de la caja fuerte, otra persona,

fuera de la cocina, tuvo que facilitársela. ¿Qué le parece a través de una nota?

—Me daría cuenta, detective.

—¿Y si esa nota no estuviera escrita en un papel, sino en una

sopa?

—¿En una qué?

—En una sopa... de letras. Escuche: el plan es ingenioso, pero

no puede escapar a mi talento. Aparte de usted, los únicos

que conocen la nueva combinación son los de la compañía de

seguros. Entonces, uno de los empleados de la compañía, en

complicidad con Cosme, se presentó en su restaurante como

un comensal más, pidió una sopa de letras, tomó un poco de

caldo para que los fideos no flotaran a la deriva y, valiéndose

de la cuchara, los acomodó de manera tal que reflejasen la

clave de la caja fuerte. ¿Me sigue?

—Sí, sí.

—Muy bien. Luego denunció un pelo intruso, el mozo llevó

la sopa a la cocina para cambiarla, la cocinera, también en

complicidad con Cosme, leyó la clave en el caldo, abrió la caja

fuerte y robó la receta. ¡Clarísimo!

Mientras hablaban, el mozo dejaba junto a la pareja la libretita con la cuenta. El detective se levantó de inmediato, fue

hasta aquella mesa y sorpresivamente anunció:

—Momentito, hoy invito yo.

Entonces tomó la libretita, la abrió y sacó de su interior un

papel.

—Pero, no puedo pagar —comentó, irónico, mirando el papel—, porque esto, más que de cuenta, tiene aspecto de... ¡receta secreta!

—¡Eberardo! —interpeló Giussepe al mozo.

—Señor, lo lamento... en Mondo Maringolo me ofrecieron ser

jefe de mozos, y a Dalma cocinera estrella y posible jurado en

Masterchef... ¡y vacaciones pagas en Venezia para ambos!

—Es un complot, estimado chef —anunció Ninurta—. Estos jóvenes que la juegan de parejita enamorada eran los encargados de llevarse la receta, pues son cocineros de su exsocio.

—¿Cómo? —Giuseppe estaba colorado de la bronca.

—Solo a críticos gastronómicos o a profesionales de la cocina se les ocurriría reemplazar las clásicas papas fritas que acompañan el filete por unas batatas glaseadas... Y usted, señor empleado de la compañía de seguros, no se vaya —le dijo

el detective al hombre calvo que acababa de ponerse de pie—.

Su aparatoso reloj de “Seguros Fafanda” lo delató. “Sandro Fuchile” es el nombre de un cantante de ópera.

El detective fue hasta su mesa y tomó de un sorbo el capuchino. Luego concluyó:

—Tres cocineros, un mozo y un empleado de seguros organizados por el tal Cosme para robarle una receta. Debe sentirse orgulloso, Giuseppe: pocas salsas despiertan semejante

manía. Hasta el viernes que viene.

Y por única vez, no dejó propina.

Guillermo Barrantes (inédito)

EN SUS CARPETAS


En un restaurante… la escena del delito

2). En este cuento aparecen muchos personajes, la mayoría

se vincula de distinta manera con el robo. A partir de las notas

que hayan ido tomando y de la relectura de algunos fragmentos,

completen en sus carpetas el siguiente listado con la información que aparece en el cuento sobre cada personaje. Registren

nombres –si se mencionan–, profesiones, características físicas, actitudes, y todo aquello que les parezca relevante.


Detective:

Chef:

Cocinera:

Mozo:

Comensal 1:

Comensales 2 y 3:

Comensal 4: 


3) Para resolver un delito, un robo o un crimen, muchas veces es importante tener cierta claridad respecto de la escena,

el lugar en el que sucedieron los hechos. En este tipo de relatos

policiales, es habitual que el detective resuelva el enigma en el

lugar del delito, como en este caso. Les proponemos que hagan

un croquis en sus carpetas de la escena del robo: un boceto

sin demasiados detalles pero que permita imaginarse las ubicaciones de cada personaje, de la caja fuerte y cualquier otro

elemento que les parezca importante indicar.


4) El cuento se inicia con las voces de algunos personajes.

Completen en cada caso quién lo dice y a quién se lo dice.

                                           LO DICE                 SE LO DICE A

¡Mozo! Hay un pelo

en mi sopa.

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Marche un filete de

merluza a la suiza

para la mesa cuatro,

pero en vez de papas

fritas, piden que

salga con batatas

glaseadas.

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Edulcorante,

por favor.

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