PDL
FECHA DE ENTREGA 22/2
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Esta semana continuarán trabajando con relatos en primera persona.
En este caso, historias acontecidas en la escuela.
Prueba escrita
(Marcela Silvestro)
Aún no había sonado el despertador, cuando abrí los ojos.
Lunes, me dije. Prueba de historia. El peso de la evidencia
cayó sobre mí, como un yunque: no había tocado un libro.
El fin de semana voló entre excusas: falta de tiempo, exceso de tareas, dolor de cabeza, de panza... La verdadera causa
sólo se la había confiado a Lucas —mi amigo, casi mi hermano—. Era el único que sabía lo embobado que me tenía Laura,
los dulces pensamientos que me inspiraba, cuánto me hacía
sufrir su indiferencia. No estaba yo para batallas de San Lorenzo ni para cruces de los Andes.
Pero ya era lunes y, de pronto, solo existía una cosa en mi
mente: la prueba. En dos horas más, no habría argumento que
pudiera convencer a mi maestra de que me perdonara la vida,
históricamente hablando.
Me sentía como deben de haberse sentido los granaderos,
casi doscientos años atrás, mientras se preparaban para el
combate. Cada zapato parecía pesar cinco kilos, los cordones
se me enredaban en los dedos como telarañas... si al menos
hubiera podido salir volando como una mosca.
Hacía rato que Febo había asomado sus rayos. Tras los
muros de mi habitación, se dejaban oir sordos ruidos: mamá
había puesto en marcha la maquinaria de cada mañana, ya
era imposible detenerla; en minutos más me llamaría para desayunar, comprobaría mi estado de aseo y me despediría con un beso en la puerta de casa.
Salí, con el alma en un hilo. Las cuatro cuadras hasta la escuela fueron como un vía crucis. La parroquia del barrio me recordaba el histórico convento. Corceles de acero repletos de gente pasaban rugiendo a centímetros de la vereda. Apenas entré en el enorme edificio, sonó el timbre, estridente como un
clarín. “A la carga”, me ordené a mí mismo. Aunque no sabía nada de historia, estaba compenetrado con un espíritu guerrero muy apropiado para la ocasión.
Ya en el aula, el enemigo avanzó y depositó sobre mi banco una hoja con cinco preguntas. Cinco misterios. Supe que tenía que pedir refuerzos. Miré alrededor: cada uno de mis compañeros libraba su combate personal. La cara de Lucas me hizo suponer que él tampoco iba a salir ileso. A cuatro bancos de distancia, en el primero, vi a Laura. Ella era mi salvación.
—¿Me podés decir algo sobre San Lorenzo? —escribí en el
papelito que le tiré.
—Sí: el domingo juega con Huracán —fue su respuesta en
otro papelito. Futbolera y con sentido del humor: era la chica
ideal, sin dudas. Pero la cosa no estaba para bromas.
—No, en serio, ¿me ayudás? —insistí, por la misma vía.
—Esperá sentado —escribió con su letra prolija.
—Hace rato que estoy sentado y esperando...
—¿Esperando qué? —Había despertado su curiosidad; mi
papá tenía razón: eso nunca falla con las mujeres.
—Que me des bolilla.
—¿Estás loco?
—Sí, por vos.
La comunicación por escrito había tomado un rumbo interesante. Tal vez me aplazaran en historia, pero quién sabe: un capítulo de la mía podía comenzar a escribirse.
–Te quiero —escribí, sintiéndome cerca de la victoria.
De pronto se produjo una interferencia: un mensaje proveniente de otra dirección, se estrelló en mi nariz. Era de Lucas:
—La seño te está mirando desde hoy, bobo.
El aviso llegó tarde: mi maestra se acercaba con cara de pocos amigos. Su cabellera teñida de rojo me hizo pensar en los españoles, avanzando con su pabellón desplegado al viento.
—¿Debo entender que te estás copiando, Mariano? —me dijo, con un engañoso tono de tranquilidad.
Me sentí perdido. Vi que Laura se reía, como si disfrutara del mal momento que yo estaba pasando. Justo cuando iba a confesar, cayó otro papel en mi banco:
—Yo también te quiero —La seño lo leyó en voz alta, como
para que nadie se lo perdiera.
—Así que en lugar de hacer la prueba... ¿Y se puede saber
con quién se está mandando cartitas de amor, el señor?
—Conmigo, seño. Discúlpenos —La que habló fue Marita.
Nos conocíamos desde jardín; aunque no era para nada fea,
jamás se me había ocurrido pensar en ella de un modo romántico. Pero en ese momento la vi hermosa... Y me recordó al sargento Cabral salvándole la vida a San Martín.
El episodio se cerró con un reto de mi maestra; después, todos continuamos haciendo la prueba. En el revés del mensaje de Marita, encontré las respuestas que necesitaba. Realmente se había arriesgado mucho.
A la salida del colegio la acompañé hasta su casa, como tantas otras veces; aunque ese día había algo distinto entre los dos. También el beso de siempre, en la mejilla, lo sentí de otra manera.
Caminando sobre una nube, llegué a mi casa. ¿Sería normal que, de pronto, el nombre “Laura” no significara nada para mí?
¿O que recién hubiera descubierto, después de tantos años,
la dulce mirada de Marita? Necesitaba hablar con Lucas. Y
después, urgente, ponerme a estudiar: en dos días teníamos prueba de lengua.
¿O era de matemáticas?
Marcela Silvestro, “Prueba escrita”. Cuento ganador del Tercer Concurso Internacional de Cuentos para Niños de EducaRed e Imaginaria. (Publicado originalmente en la Revista Virtual Imaginaria Nº 196, Buenos Aires, 20 de diciembre de 2006, https://imaginaria.com.ar/).
EN TU CARPETA
Para volver sobre el cuento
1. Relean el cuento y elijan la opción que corresponde en cada
caso:
• El protagonista tenía una prueba de historia, vinculada con
San Martín / Belgrano.
• No había estudiado, porque estuvo todo el fin de semana
pensando en Laura / porque estuvo enfermo, con dolor de
panza y de cabeza.
• Durante la prueba, le envió papelitos a Laura / Marita.
• Laura lo ayudó a resolver la prueba / se burló de él.
• En un momento, recibió un papelito en donde Marita / Laura
le decía que lo quería.
2. En este cuento se juega con el humor. Uno de los recursos
que utiliza es plantear la prueba escrita como si se tratara de un
combate. Para ello, inserta en la voz del narrador protagonista
expresiones de la “Marcha de San Lorenzo” que relatan lo que
este siente, lo que le sucede.
a) El narrador expresa: “Me sentía como deben de haberse
sentido los granaderos, casi doscientos años atrás, mientras se
preparaban para el combate”. Marquen en el texto otras palabras y expresiones que se refieran a la guerra.
Les proponemos escribir un cuento, inspirándose en “Prueba
escrita”. Para ello, les sugerimos que sigan los siguientes pasos:
✓ Bucear en la memoria. Si bien los cuentos son ficciones,
lo vivido o escuchado puede ser un buen punto de partida.
Buceen en los recuerdos vividos en la escuela que sean especiales para ustedes. Puede tratarse de situaciones que se
hayan dado en clase, en recreos, en la vuelta a casa, actos,
visitas escolares, entre otros. Piensen si esas historias se
parecen a una batalla, a un sueño, a hacer equilibrio, a resolver un acertijo, a subir una montaña...
Tómense un par de días para pensar y conversen con otras
y otros para que también les relaten historias y las o los ayuden a recordar. Tomen algunas notas sobre los hechos principales de cada una de esas historias, para no olvidarlas.
También vayan rememorando canciones y anoten algunos
fragmentos. Pueden ser canciones patrias u otras que conozcan y asocien de alguna manera con sus historias.
✓ Definir la historia y planificar. Antes de escribir, es conveniente planificar: piensen la historia que van a contar. No tienen por qué atenerse a los hechos recordados, estos son
el punto de partida para dejar volar las ideas, exagerar un
poco, combinar historias. Decidan si contarán esta historia
como un combate, una aventura, un acertijo a resolver, un
sueño, etcétera. Para esto, elaboren un listado de palabras y
expresiones vinculadas con estas situaciones.
Una vez “compuesta” la historia o mientras la están realizando, pueden tomar notas de los diferentes momentos para
recordarla. Luego, de ser posible, cuéntenla a otras u otros.
Busquen también una canción que sientan que está relacionada con esa historia o pregunten a sus interlocutores si su
historia les hizo pensar en alguna otra.
✓ Escribir, revisar y compartir. Escriban su relato, revisen,
pasen a limpio y echen a rodar este cuento de su autoría
basado en hechos reales.
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